| Héctor
Molina -
cineasta
"Yo
siempre parto de esta premisa: no se puede hacer cine solo.
Siempre necesitas un grupo de gente. Obvio que hay varias etapas. Yo me
quedo con los momentos en los que estoy trabajando con la gente. Los peores
son cuando trabajo en soledad, salvo cuando estoy escribiendo el guión,
que me entusiasma mucho. Pero todo el proceso que viene después
del rodaje, como por ejemplo estar viendo cuándo se estrena la
película o la distribución de la misma, son los peores momentos.
Sin lugar a dudas, "el gran momento" es el del rodaje. Para
mí filmar es como estar en estado de gracia. Y sobretodo yo, que
tengo la fortuna y el privilegio de trabajar con tipos que son amigos,
con los que nos conocemos de memoria y así, los rodajes se viven
prácticamente con cero de conflicto, todo disfrute, con mucha "atención"
en lo que estamos haciendo, no con "tensión".
Trabajando en grupo siempre me divierto mucho, me enriquezco, aprendo
y son experiencias únicas. Más, teniendo en cuenta, que
estás viviendo en una dimensión muy poco frecuente, que
es convivir durante tres meses con un grupo grande de gente, los cuales
están 20 hs. por día, todos juntos, trasladándose
de lugar en lugar como una compañía circense, con todos
los aparatajes, los vehículos, gente yendo de una punta de la ciudad
a la otra. A pesar de todas estas complicaciones, ver a cada chico del
equipo cumpliendo "atentamente" su rol, a mí me pone
más bien exultante.
También hay veces que me permito correrme un poquito, como dando
un paso hacia atrás, para poder mirar todo eso desde afuera como
si fuera un visitante. Y siempre digo lo mismo, no hay nada más
maravilloso que ver a un grupo de gente haciendo lo mejor que saben hacer.
Por eso, las despedidas de los rodajes suelen ser tan terribles en lo
afectivo después de esos meses, todos juntos a full".
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